Las esculturas tienen un largo proceso en el cual pasan por diferentes estados hasta ver la luz. La forma cambia constantemente: allí donde se llena, se vacía, crece y a veces, desaparece. Cambian las dimensiones, los materiales y con el tiempo y cuidado, evolucionan.
En el momento que la forma es clara, entra en juego la técnica. Se trata de materializar la idea y al mismo tiempo, no interferir en el lenguaje ni en el mensaje de la obra. Los materiales tienen que quedar unificados, sin connotaciones.
Me interesa buscar el diálogo entre materiales duros y blandos. Creo que este aspecto es muy sugerente. Por ejemplo, hay materiales blandos de cuerpo frágil, que sin embargo, tienen un discurso potente y duro y propician el diálogo. Este intercambio, la manera como se encaran, potencia la personalidad de cada uno y respeta los límites sin crear conflicto ni distorsionar el mensaje de la obra.
En cuanto a la forma, me interesa la abstracción sin ningún tipo de connotación: el gozo de la realidad como búsqueda de la interioridad, del alma de la forma, o sea, de los sentimientos, de las sensaciones… Este proceso difícil de explicar, por lo que tiene de intuitivo e instintivo, me remite a un espacio personal interior donde aprendo a crecer con perseverancia, paciencia y cariño, sin limitaciones.
